MÁS QUE TINTA

La escultura me enseñó la forma; mi familia, el movimiento.
Viajo por el mundo con Pilar Azurite y nuestros hijos, traduciendo cada cultura en belleza. Tatuar es detener ese viaje para conectar contigo. Es el resultado de una vida vivida y de la disciplina de saber que un tatuaje, como una escultura, es para siempre.

Para mí, el trazo sobre el papel es donde el caos de la experiencia empieza a encontrar su orden, traduciendo cada cultura y cada paisaje en belleza a través del dibujo.

Me inspira profundamente la filosofía del Kintsugi: entender que nuestras marcas y nuestra historia no deben ocultarse, sino subrayarse con oro.
Mi lujo es el tiempo; por eso solo acepto una sesión al día.